Chones, tacones, cajas, errores, amigas, amigos, clientes y muchas historias después... aquí seguimos.

 

En septiembre de 2005 abrí una cuenta en Mercado Libre.

Así empezó todo.

Sin plan de negocios. Sin estrategia. Sin imaginar que, un año después, aquella cuenta se convertiría en el inicio de una historia que hoy cumple veinte años vendiendo.

Ni siquiera empecé a vender inmediatamente.

En 2006 mi vida estaba bastante lejos de parecerse a la de una emprendedora que tenía clarísimo lo que quería hacer.

Había renunciado a un empleo seguro para aceptar otro trabajo en Reynosa. Las cosas no salieron como esperaba y regresé a Ciudad de México triste y sintiéndome fracasada.

Un mes después tuve que volver para recoger lo último de mis cosas y, desde McAllen, volé a Los Ángeles, donde estuve aproximadamente un mes con mi familia.

Me sentía desorientada y sin norte.

Había vendido mi coche.

Al final me quedaban unos 3,000 pesos.

Y con eso empecé.

No porque hubiera diseñado el gran proyecto empresarial de mi vida.

La verdad es mucho menos glamorosa y bastante más real:

tenía que averiguar qué iba a hacer con mi vida.

Por ahí de julio de 2006 comencé a vender en aquella cuenta que había abierto meses antes.

La primera venta tardó cerca de un mes.

Paty fue mi primera clienta y ahí comenzó la famosa reputación.

Y entre mis primeras diez ventas llegaría también mi querida Ayarith, vendedora del sitio y mi primera maestra de e-commerce.

 

Todo empezó con unos calzones… literalmente

No es metáfora.

Eran chones. 😂

 

De unos chones a mercado líder 

 

La primera publicación decía algo así como:

VICTORIA’S SECRET PANTIES, CREMAS, MENTAS, GLOSS…

Espero que algunas la recuerden.

 

Después, entre mis primeras diez ventas, llegó mi querida Ayarith, vendedora del sitio y mi primera maestra de e-commerce, que me enseñó cosas que entonces me parecían rarísimas: usar PayPal —recuerden que era 2006—, Photobucket, pegar HTML y entender un poco del know how de Mercado Libre, interminables cafés los sábados por la mañana en el Starbucks de Coyoacán a las 9 de la mañana. 

Mi aprendizaje en ese extraño mundo de vender por internet fue mucho más rápido gracias a ella.

Después llegaron más productos.

Zapatos, bolsas, perfumes, moda y todas esas cosas que fueron construyendo poco a poco el universo de lasbuenasideas.

Después amplié mis entregas a otro lugar que quiero mucho: la Marisquería Perla de la Roma, donde muchos hoy siguen siendo clientes.

Llegaron también aquellas portadas con París que durante años acompañaron a la tienda y que hoy veo como pequeñas fotografías de cada época.

Y llegaron las primeras lecciones.

Aprendí a comprar, publicar, vender, empacar, enviar, atender clientes, buscar proveedores, administrar inventarios y resolver problemas.

También aprendí esa maravillosa costumbre emprendedora de comprar más mercancía de la necesaria porque una está absolutamente convencida de que:

 

“Esto se va a vender.”

 

A veces se vendía.

A veces aprendía. 😂

 

Con los años fui MercadoLíder, después MercadoLíder Gold y finalmente MercadoLíder Platinum.

Pero mientras crecían las ventas, estaba ocurriendo algo que hoy me parece mucho más importante.

Estábamos creciendo nosotros.

 

Hay cosas que no aparecen en las estadísticas

 

Algunas clientas llegaron a lasbuenasideas siendo chavas de prepa.

Incluso recuerdo a mi clienta más pequeña, que me visitaba algún domingo cuando ponía mi puesto de remate en La Lagunilla durante noviembre y diciembre, Hoy debe ser preparatoriana, o quizá ya esté en la universidad.

Pasaron los años.

Terminaron carreras.

Se convirtieron en profesionistas.

Algunas emprendieron, se casaron, tuvieron hijos, formaron familias. Y mientras escribo esto empiezan a aparecer nombres.

Fernanda, Evelyn, Miriam, Bertha, Claudia, Gaby, Norma, Araceli, Denisse, Laura, Rosenda,Ibis, Daniela, Ana Silvia, Rafael, Iris, Cassandra, Lissie, Sandra, Rocío, Dinora, Coco, Isú, Maria Elena, Omar, Karla, Talina …

Y sé que faltan muchos. Algunos quizá ni siquiera imaginan que todavía los recuerdo. Pero después de tantos años, cuando pienso en lasbuenasideas, inevitablemente pienso también en ustedes.

Y algunas siguen aquí.

También llegaron mamás, emprendedoras, amigas, clientes frecuentes y personas que un día compraron algo y, sin que ninguna de las dos partes lo supiera, terminaron formando parte de una historia de veinte años.

Yo también cambié.

Trabajé.

Viajé.

Me equivoqué.

Aprendí.

Descubrí ciudades, libros, cafés, perfumes, vinos, productos y personas.

Y lasbuenasideas fue cambiando conmigo.

Porque el mercado tampoco permaneció igual.

Las marcas comenzaron a vender directamente.

Aparecieron nuevos competidores.

Cambiaron las plataformas, las reglas y nuestra manera de comprar.

El Mercado Libre de 2006 fue evolucionando.

Y entonces llegó 2020.

 

Cuando el mundo se detuvo...

En marzo y abril de 2020 comenzó a venderse prácticamente todo el inventario que tenía.

Parecía una buena noticia.

Lo era.

Pero había un pequeño detalle:

en medio de la pandemia, mi forma habitual de abastecerme había cambiado.

Me estaba quedando sin mercancía precisamente cuando la gente estaba comprando.

Así que apareció nuevamente aquella pregunta que me había acompañado desde el principio:

 

¿Y ahora qué vendo?

Y empecé a mirar algo muy cercano.

Las cosas que le gustaban a mi mamá.

Té, café, chocolates y, en general, esos artículos mexicanos e importados, pequeños gustos que ella disfrutaba y que comenzaron a darme ideas.

Empecé a buscar productos, proveedores y a publicar.

Recuerdo estar durante días en una oficina de la Colonia Roma, cargando publicaciones nuevas.

Una detrás de otra.

No estaba ejecutando una sofisticada estrategia de diversificación.

Estaba buscando qué podía funcionar.

Y funcionó.

Empezaron las ventas.

Después las reposiciones.

Las compras.

Los paquetes.

El inventario.

De pronto estaba surtiendo prácticamente todos los días y vuelta loca intentando seguirle el paso a algo que yo misma había puesto en movimiento.

Aunque antes tuve que recibir otra clase intensiva de negocios.

Mis ganancias de abril y mayo prácticamente terminaron en el SAT porque no estaba facturando correctamente mis compras.

De hecho, lo olvidé. 😂

Ahí aprendí una diferencia bastante importante:

vender mucho y tener ganancia no necesariamente son la misma cosa.

También aprendí a facturar.

Hay conocimientos empresariales que llegan en un curso.

Y hay otros que te los cobra directamente el SAT ...

 

Luis y aquella primera caja a Full

En medio de ese crecimiento apareció Luis.

Primero me compró sobres.

Después seguí surtiéndole sobres y descubrí que era un vendedor grande y que ya enviaba mercancía a Full.

Yo tenía preguntas.

Muchas.

Y Luis tuvo la generosidad de resolver mis dudas.

Hasta que un día de septiembre de 2020 dejé de preguntar.

Preparé mi primer envío a Full con quizá 50 productos y el primero que se vendió parecía un mensaje de mi divino:

mi primera venta de Full fue un producto que vendía mi mamá.

Salió despachado de bodega.

Y el resto es historia.

Lo que comenzó con aquellos productos que le gustaban a mi mamá se convirtió en uno de los mayores giros comerciales de lasbuenasideas.

Vendí cantidades que aquella mujer que había comenzado con unos 3,000 pesos jamás habría imaginado.

Conocí las botas industriales y se volvieron mi look cotidiano.

Amo su comodidad.

Todas deberíamos tener, además de unos lindos tacones, unas de esas botas.

Y después llegó Juan Carlos.

 

Los domingos a las seis de la mañana

Juan Carlos y yo coincidíamos los domingos a las seis de la mañana surtiendo la bodega de Full en Tepotzotlán.

Una hora muy poco glamorosa para eso de “ser emprendedor”.

Pero ahí estábamos.

Juan Carlos estaba pasando un momento complejo de salud.

Y aun en medio de aquello, incluso desde la cama, un día, mientras esperaba asignación de doca en la bodega de Full, me platicó que en medio de esa crisis se puso a publicar.

Eso se me quedó grabado.

No como una frase motivacional ni como esa idea absurda de que todo se resuelve con actitud.

Simplemente vi a alguien atravesando una situación enormemente difícil y haciendo lo que podía para seguir.

Y desde entonces, cuando las cosas se me ponen complicadas y comienzo a quejarme, hay una frase que todavía me digo:

“Si Juan Carlos, en medio de una crisis, pudo… ¿yo qué chingaos hago quejándome?”

Y sigo.

Porque si algo he aprendido durante estos veinte años es que detrás de muchos cambios importantes hubo alguien.

Alguien que compró.

Alguien que preguntó.

Alguien que enseñó.

Alguien que ayudó.

Alguien que simplemente estuvo.

 

Después mi cuerpo puso sus propias reglas

En 2023 y 2024 llegaron dos cirugías.

Para entonces lasbuenasideas era muy distinta de aquella tienda que había comenzado vendiendo productos ligeros.

Había temporadas en las que movía mercancía realmente pesada.

En Navidad, por ejemplo, podía manejar cajas de hasta 24 kilos: 24 piezas de chocolate de un kilo en una sola caja.

Mandábamos varias a bodega de ese peso durante la temporada.

Y durante mucho tiempo lo hice.

Hasta que mi cuerpo dijo que ya no.

Después de las cirugías y de una complicación posterior tuve que detenerme y poner muchas cosas en perspectiva.

Prometí que, si salía de aquella hemorragia, iba a estar quieta.

Y me fui a Mazatlán una semana antes de lo que usualmente paro porque entendí que mi salud era primero.

Entonces decidí que, si lasbuenasideas iba a seguir formando parte de mi vida, tenía que hacerlo de otra manera.

Adiós a los productos pesados.

Era momento de volver a lo ligero.

Curiosamente, casi volver al principio.

A mis chones y busqué las cosas ligeras de nuevo. 😂

Veinte años después descubrí que quizá aquellos primeros productos tenían más sabiduría empresarial de la que yo les había reconocido.

Porque a veces hacer crecer un negocio significa agregar.

Pero otras veces crecer significa saber qué tienes que soltar para poder continuar.

 

Y entonces llegó 2025...

Parece que fue ayer.

Estaba ayudando a una amiga a hacer sus reservaciones para su viaje a España cuando, cerca de las once de la noche, a pocos días del Hotsale y con carga en bodega para esos días de mayo llegó un mensaje que no esperaba:

mi cuenta de Mercado Libre había sido inhabilitada.

La cuenta con la que había trabajado durante casi veinte años. La que había pasado por MercadoLíder, Gold y Platinum. La que había sobrevivido cambios, errores, madrugadas, miles de ventas y hasta una pandemia.

De pronto, ya no estaba. Estaba en shock

Hubo un cambio en las políticas de la plataforma y un error que no detecté a tiempo tuvo consecuencias importantes.

Y con ella no desaparecieron las cajas. Ni el inventario. Ni las cuentas por pagar.

Recuerdo perfectamente esa noche porque hay noticias que parten el tiempo en dos: lo que estabas haciendo cinco minutos antes y todo lo que tuviste que resolver después.

Y entonces hice lo que llevaba casi veinte años aprendiendo a hacer:

vendí.

Vendí como loca.

Y cuando parecía que tendría que hacerlo sola, llegó la caballería.

Ale,Malú, Marina, Regina, Vane, Gisela, Manuel, Jorge, Toño, Moi, Miguel y Fito… el apoyo de Conchita… amigos que compraron, que me ayudaron a mover mercancía y que, quizá sin saberlo, me estaban ayudando también a ponerme nuevamente de pie.

Aquel año entendí algo que ningún reporte de ventas me había enseñado:

después de casi veinte años de negocio, mi activo más valioso no estaba en el inventario. Estaba en las personas.

Pagué.

Y me quedé en ceros.

Y cuando digo cero es ceros.

Había que mover mercancía, recuperar dinero, pagar compromisos y resolver, y volví a comenzar…

Y un día llegó una invitación para volver a trabajar en una oficina.

Después de tantos años, la vida volvió a sentarme frente a un escritorio.

Pero había una diferencia enorme entre aquella mujer que en 2006 tenía unos 3,000 pesos y esta.

Esta vez no empezaba de cero.

Tenía casi veinte años de experiencia.

Había aprendido a vender, comprar, negociar, preguntar, equivocarme, resolver, cambiar de producto, cambiar de rumbo y volver a empezar.

Y entendí algo que hoy me parece bastante sencillo:

Me cerraron una cuenta.

No me cerraron lasbuenasideas.

 

 

Volver...

Entonces regresé a lasbuenasideas.com.

Y tampoco voy a romantizar esta parte.

Al principio volví con bastante menos orden del que ahora aparentamos tener. 😂

Fui poniendo cosas, quitando otras, pensando qué quería conservar y preguntándome qué quería hacer diferente.

Poco a poco comenzó a tomar forma.

Pero después de veinte años ocurrió algo curioso.

Ya no quería solamente vender cosas.

Quería contar por qué las elegía.

Quería hablar de los lugares que había conocido, los cafés donde me había sentado, los libros que había leído, los productos que encontraba, los viajes, las coincidencias y las personas con las que me había cruzado.

Tenía veinte años de historias que ya no cabían en la descripción de un producto.

Y así apareció Belytips.

Ahora pienso que era inevitable.

lasbuenasideas es lo que encuentro.

Belytips es lo que tengo que contar.

Y regresó también esa curiosidad que ha estado presente desde el principio.

Un vino con el que tengo una historia puede terminar convirtiéndose en Lecciones de Ícaro.

Un viaje puede convertirse en una historia.

Un café puede acabar en una conversación.

Una persona puede aparecer apenas un instante y dejar detrás una idea.

A veces veo algo.

Me da curiosidad.

Voy.

Y resulta que había una historia esperándome.

Y, por fin, un lugar para lasbuenasideas

Durante años lasbuenasideas estuvo por todas partes.

Mercancía en la sala.

Cajas donde cupieran.

Material de empaque.

Productos.

Inventario.

Había temporadas en las que no sabía muy bien si lasbuenasideas vivía conmigo o yo vivía dentro de lasbuenasideas.

Hoy, veinte años después, finalmente tiene su propio espacio.

Todavía está en proceso.

Pero ya tiene su propia oficina.

Hay anaqueles que quiero pintar de blanco, paredes por arreglar, cajas que ordenar y una duela que ya me estoy imaginando.

Y sí, también hay una cama.

La cama se queda. Porque luego me recuesto y sigo trabajando. 😂

Después de veinte años, lasbuenasideas también tiene derecho a descansar.

Y Cleopatra, mi maniquí, por supuesto permanece en su puesto.

Hay instituciones que no se tocan.

Quizá parezca un detalle pequeño, pero para mí significa algo.

Después de vivir tantos años por toda la casa, lasbuenasideas finalmente tiene un lugar propio.

Y quizá yo también aprendí que hasta las buenas ideas necesitan uno.

Veinte años después

Hoy miro aquella cuenta que abrí en septiembre de 2005 y pienso en todo lo que yo no sabía.

En mis treintas.

No sabía que terminaría empezando con 3,000 pesos.

No sabía que mi primera venta tardaría cerca de un mes.

No sabía que aquellos chones terminarían convirtiéndose en veinte años de historia.

En medio hubo tacones, viajes y sueños.

Finalmente conocí París y la Torre Eiffel.

Conocí lugares que algún día imaginé.

Hubo perfumes, té, café, chocolates, cajas de 24 kilos, paquetes, proveedores, madrugadas, Full, errores, impuestos, viajes, dos cirugías, inventario, deuda, una cuenta cerrada, un escritorio de abogada y unas cuantas reinvenciones.

Hubo años en los que lasbuenasideas creció muchísimo.

Otros en los que tuvo que hacerse más ligera.

Y algunos en los que simplemente tuvo que cambiar.

Quizá por eso llegó hasta aquí.

 

lasbuenasideas nunca permaneció igual porque yo tampoco permanecí igual.

 

Pero hubo algo que sí permaneció:

la gente.

Mi mamá, incluso sin saber que un día sus gustos terminarían ayudándome a encontrar un nuevo camino para la tienda.

Ayarith, siendo mi primera maestra de e-commerce.

Luis, resolviendo las preguntas que terminaron llevándome a mi primer Full.

Juan Carlos, dejándome una pregunta que todavía me hago cuando quiero quejarme.

Los amigos que echaron una mano.

Alberto, que confió en mí.

Las personas que llegaron en distintos momentos y aportaron algo.

Las clientas que eran chavas y que hoy tienen carreras, negocios, familias e historias propias.

Las que compraron una vez.

Las que volvieron.

Las que recomendaron.

Las que estuvieron cuando las cosas iban increíblemente bien.

Y las que aparecieron cuando tocó empezar otra vez.

Durante muchos años medí este negocio en ventas, pedidos, inventarios, rankings, márgenes y resultados.

Todo eso se puede contabilizar.

Pero después de veinte años hay un indicador para el que todavía no encuentro fórmula:

 

¿cómo contabilizas el privilegio de haber visto crecer a las personas que crecieron contigo?

 

Ese KPI todavía no lo inventan.

Por eso no quiero celebrar solamente los veinte años de una tienda.

Quiero celebrar veinte años de vida alrededor de una buena idea.

Una que empezó con una cuenta abierta en septiembre de 2005.

Que comenzó a vender meses después con unos 3,000 pesos y unos chones.

Que aprendió de sus errores.

Que un día despegó vendiendo cosas que le gustaban a mi mamá.

Que descubrió que preguntar también es una forma de avanzar.

Que cargó cajas de 24 kilos hasta que tuvo que aprender a viajar más ligero.

Que perdió una cuenta y encontró otra manera de continuar.

Que durante años invadió mi sala y hoy, por fin, tiene una oficina-bodega propia —con cama y Cleopatra incluidas—.

Y que veinte años después todavía tiene buenas ideas.

Soy la chica de lasbuenasideas…

Bueno, ya no tanto. 😂

Ya tengo canas.

Pero, sobre todo, todavía tiene historias.

Gracias por haber comprado.

Gracias por haber recomendado.

Gracias por haber enseñado.

Gracias por haber ayudado.

Pero, sobre todo,

gracias por haber estado.

 

Por estos primeros veinte años de lasbuenasideas.

Por lo que fue.

Por lo que es.

Y por todo lo que todavía falta por contar.

Buenas ideas. Mejores historias.

Hasta el próximo café.

¡Salud! 💙

Be